La paz vivida en El Salvador está a juicio nuevamente en un aniversario de la firma del Acuerdo de Paz aquel 16 de enero de 1992. No es cualquier aniversario. El lunes de la próxima semana se cumplen los primeros cinco lustros de ese gran logro en el que culminaron dos años y cuatro meses de negociación política. Como todos los años, El Salvador tiene derecho a preguntarse: ¿hay paz en El Salvador?, ¿qué avances y retrocesos han marcado a los salvadoreños estos 25 años?, ¿cuál es el siguiente paso que el país debe dar?

Un grupo de figuras políticas conocedores de la guerra y la paz en El Salvador están convencidos que el país ha avanzado en derechos individuales y políticos, y en institucionalidad democrática. Pero advierten deficiencias en acuerdos económicos y en la baja calidad del Estado para administrar los problemas surgidos en la posguerra, como la delincuencia. Esa deuda es atribuida a todos los que en algún momento han sido gobiernos. Sin excepción.

Óscar Santamaría, firmante de la paz, lo explica. “De los que han pasado administrando al país, ahí no excluyo a nadie”, asegura Santamaría, quien como canciller representó al Gobierno de Alfredo Cristiani, de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) en las negociaciones que se sostuvieron con el FMLN desde septiembre de 1989 a 1992.

Los acuerdos de paz no solo marcaron el fin de las balas. Crearon instituciones como la Policía Nacional Civil, Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Tribunal Supremo Electoral (TSE) y disolvieron instituciones cuestionadas por violaciones a derechos humanos como la Guardia Nacional, Policía de Hacienda y Policía Nacional, así como desmovilizaron la guerrilla, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, partido político que gobierna el Ejecutivo y que es una de las mayorías en la Asamblea Legislativa.

En palabras de Santamaría, la gran herencia de los acuerdos fue una gran reforma política del Estado. “La gente, o no entiende, o no valora. Todas las instituciones del Estado, las que eran vitales se reformaron, las que no existían se crearon. Los acuerdos dimensionaron un nuevo país en materia de democracia, lo que había antes eran pantomimas de democracia”, dijo.

Sin embargo, 25 años después, cree que el país no avanzó en cultura política, algo que tuvo que haber iniciado 10 años después de firmado el acuerdo, en 2002. “La cultura política va de la mano con el quehacer de las instituciones en el escenario político electoral”, dice.

Transcurrido este cuarto de siglo, el excomandante del FMLN Facundo Guardado cree que El Salvador de hoy es mejor, pero no ignora que haya muchos problemas como la inseguridad y la falta de empleo.

“No hay retrocesos en el sentido histórico. Hay muchas cosas que podrían ser mucho mejor, solo con un poquito de voluntad, pero no lo son”, dice Guardado, quien perteneció a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), uno de los brazos armados del FMLN.

La mayor deuda, según Guardado, ha sido la irresponsabilidad de quienes han estado obligados a tomar decisiones y de trabajar por el país. “Lo han hecho con mucha irresponsabilidad, por eso el país está como está”, afirmó.

Abraham Rodríguez, fundador del Partido Demócrata Cristiano (PDC) en 1945, exmiembro de la Comisión ad hoc de Evaluación de la Fuerza Armada, recuerda que el tema económico fue una de las deudas en los acuerdos de paz y, por eso, “ha continuado la guerra en el tema económico”. Rodríguez ve algunos retrocesos en la institucionalidad pero también ve avances, sobre todo en la Corte Suprema, en el área constitucional.

Rodríguez participó en los primeros diálogos con la guerrilla en los años ochentas en Ayagualo, La Libertad, en noviembre de 1984, en Ayagualo, La Libertad.

 

Falta reconciliación y acuerdos económicos

En retrospectiva, Roberto Cañas, firmante de la paz por parte del FMLN, partido del cual ya no es miembro, ve un gran avance en términos de derechos individuales y políticos; antes, recuerda, “por ser opositor lo llegaran a traer a uno a medianoche”.

La brújula del cumplimiento es, explica Cañas, el acuerdo de Ginebra, que planteaba que se debía terminar el conflicto por la vía política, irrestricto respeto por los derechos humanos, democratización del país y reunificación de la sociedad salvadoreña. Éste último elemento es la gran deuda, según Cañas, quien señala que hay mucho resentimiento y polarización actualmente en el país.

Una segunda deuda es no haber instalado el Foro Económico y Social. Recordó que el Consejo Económico y Social de El Salvador (CES), creado en la administración de Mauricio Funes, fracasó.

 

Esperan nuevo acuerdo

Ningún actor político ignora que lo más esperado, luego de 25 años de firmada la paz, es el diseño y ejecución de una gran agenda de nación. El Gobierno ha solicitado a uno o dos facilitadores a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, pero aún no se conoce la respuesta.

Según Santamaría, la agenda de nación no es de los partidos políticos, sino de toda la sociedad. “Involucra a todos: maduros jóvenes, viejos, generación intermedia. (Se trata de) Crear políticas de Estado, no solo políticas de Gobierno”, afirmó.

El excanciller, quien es parte del Grupo Gestor para la Conmemoración del 25 Aniversario de los Acuerdos de Paz, espera que sí se pueda conformar una agenda de nación, y que se pongan adelante intereses de país. Recuerda que en el décimo aniversario de los Acuerdos de Paz, es decir, en 2002, el secretario de las Naciones Unidas dijo que los acuerdos ya se habían cumplido. A partir de ahí, advierte, se pudo haber iniciado un acuerdo de nación.

Facundo Guardado cree que a las generaciones les toca moldear el país en el que quieren vivir, con la particularidad de cada momento: “En cada momento de la historia, a la generación le toca moldear el país en el que quiere vivir. A mi generación le tocó la guerra. Las generaciones de hoy no tienen que ir a una guerra para buscar un país mejor, lo que tienen que hacer es no ser indiferentes”, advirtió. Guardado ve mucha indiferencia y mediocridad y dice que “es lo que más daña al país”. Pero la esperanza se la dan las voces de algunos ciudadanos críticos que no responden a ninguna élite y que es “lo que está haciendo avanzar al país”.

 

Dialogo y negociacion

 

El diálogo, los años ochentas

El Gobierno de José Napoleón Duarte inició los diálogos con la guerrilla durante los años ochentas. Sin embargo, no lograron acuerdos, aunque en los comunicados conjuntos se expresaba la voluntad de cesar el conflicto. El 15 de octubre de 1984 fue el primer acercamiento en La Palma, Chalatenango, con una declaración sin acuerdos firmes.

 

Negociación, junto a la ONU

En junio de 1989, el entonces presidente de la República, Alfredo Cristiani, convocó a una negociación, pero fuera del país. La primera reunión se dio en México, en septiembre de 1989, en donde se acordó que se hiciera una solicitud conjunta al secretario de las Naciones Unidas (ONU), Javier Pérez de Cuéllar. Álvaro de Soto, peruano, fue su representante en la negociación.

 

Los actores de la negociación

Se conforman comisiones negociadoras: por el Gobierno, David Escobar Galindo, Abelardo Rodríguez, Oscar Santamaría, Mauricio Ernesto Vargas; y por el FMLN, Schafik Hándal, Joaquín Villalobos, Salvador Sánchez Cerén, Eduardo Sancho, Francisco Jovel, Salvador Samayoa, Nidia Díaz, Juan Ramón Medrano, Ana Guadalupe Martínez, Roberto Cañas.